Opinión y Debate
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ISSN: 1575-2844

Revista Vivat Academia

  Histórico Año VII

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Junio 2005. Nº 66

Contenido de esta sección:

Correlación Universidad Enseñanza Media = 0 (José A. Martínez Pons)
¿Sabemos educar? (Camilo José Cela Conde)
De vez en cuando… (JMDB)
CARTAS AL DIRECTOR
Custodia compartida y el derecho de paternidad (José Carlos Navarro Muñoz)

Correlación Universidad Enseñanza Media = 0

José A. Martínez Pons

Cuando los profesores comentamos la situación de nuestros alumnos, casi siempre nos quejamos de que los niveles con que llegan a la Universidad son cada día más bajos y a fortiori, los de salida también.

En los últimos tiempos tenemos datos objetivos, como los informes PISA, que nos dejan a la cola del mundo "civilizado". Por cierto, del informe PISA no me preocupa tanto el bajo nivel de nuestros estudiantes medios cuanto el bajísimo nivel de los excelentes. Está feo citarse a uno mismo, pero a un artículo publicado en estas páginas y que titulé "¿Dónde están los sobresalientes?" me remito (Nº 23 de Vivat Academia). Acerté hasta en los porcentajes, lo cual no es un mérito, es un poco de estadística y teoría de muestras.

La excelencia está proscrita en todos los campos menos en el deporte y en eso que alguien, osado y sordo, llama música (de consumo, añado).

Nuestros jóvenes no aspiran a destacar en nada intelectual, sólo aspiran a ganar dinero, cuanto más mejor, cuanto antes mejor y del modo más fácil. Así es y así lo vemos.

Un gran músico español decía el otro día que en el mundo de la lírica los chicos sólo aspiran a entrar cuanto antes en el circuito de los grandes cachés, sin pensar que para llegar a estos circuitos hacen falta unas dotes extraordinarias y, sobre todo, muchos años de trabajo. Si se añade un buen padrino o madrina, mejor.

La sociedad de consumo, por otra parte, construye sus ídolos, pero con la misma facilidad con que los construye los destruye, incluso físicamente. Esto es así sobre todo en el mundo del deporte, pero en muchos campos más, especialmente en las artes sin base especulativa material. En las artes plásticas, por ejemplo, nadie dudará que si galeristas, críticos y marchantes deciden crear un genio, lo crean. Lógicamente quien compre las obras de tal genio se encargara mucho de que no se devalúen, quien patrocina un disco, sin embargo, buscará lo contrario, para que se compre un disco nuevo, igual de malo.

Pero lo peor que puede ocurrir a una cultura es quedar en manos de mediocres. El mediocre se rodea de mediocres y acaba refocilándose en su mediocridad.

Por supuesto que si la mediocridad se hace dueña de la sociedad, también se hará dueña de la Universidad y lo vemos todos los días, aunque, afortunadamente, el concepto universal del saber le obliga de vez en cuando a potenciar a sus propios excelentes. Sin excederse, no se vaya a notar demasiado que hay mucho mediocre suelto.

Una prueba ad hominem, mejor ad mulierem, de lo dicho es que en España quien detenta la máxima responsabilidad en el campo de la cultura en general, además profesora universitaria de letras, no sepa conjugar el verbo "dico, dicere, dixi, dictum" -los de mi generación lo aprendimos en 2º Bachillerato, del de entonces-, y se permita dar lecciones de democracia apoyada en su ignorancia supina o confunda un viaje de turismo avant la lettre de Don Miguel de Cervantes con su cautividad a la espera de que los frailes mercedarios le liberasen. Con todas sus pegas y corruptelas, la Universidad es tal vez el único lugar donde la cultura, -no la cultureta de "cineastillas subvencionados", novelistas de écurie de Polanco, tertulianos y demás rebaños ("gente de cultura", "trabajadores de la cultura", etc. tienen la desfachatez de autotitularse algunos de esta panda de zánganos asistidos)-, se respeta y cultiva.

Y como siempre, me estoy escapando de mi idea inicial.

Los profesores universitarios se quejan del bajo nivel con que llegan los estudiantes. Seguro que tienen razón pero yo me pregunto y pregunto: ¿No sería necesaria una eficaz coordinación entre Bachillerato y Universidad?

En este momento, y salvas algunas universidades privadas de reconocido prestigio que hacen pruebas de ingreso, en la mayoría de universidades el único filtro es la llamada "selectividad", filtro bastante inefectivo que únicamente se rige por la ley de la oferta y la demanda determinada por la nota de corte. Durante mucho tiempo, cito de memoria, la carrera con más nota era Fisioterapia, disciplina que, con todos mis respectos, más que dominio de la mecánica cuántica, requiere habilidad manual, sin embargo, últimamente, a carreras tradicionalmente difíciles, o complicadas, como algunas ingenierías o físicas se entra prácticamente con cinco pelón. Ello trae como consecuencia que, a veces, estas carreras, que exigen más esfuerzo y más continuado que otras, sean refugio de rebotados.

De todas formas, vuelvo mi argumento.

¿Sabe la Universidad cómo le llega el alumno medio en las disciplinas que necesita? En mi opinión, muy poco. Tan sólo los coordinadores de las respectivas materias y con muchas reservas. Muchas veces los profesores de primero recuerdan sus estudios preuniversitarios, que encima diluyen en la bruma de los recuerdos y se acaban convenciendo de que los estudiantes deben saber lo que ellos creen que sabían entonces.

Sin embargo, en ocasiones se dan laudables esfuerzos por intentar, al menos, establecer unos puentes. La idea de los profesores asociados de bachillerato era una excelente idea en principio, coordinaciones periódicas, jornadas de estudio, podrían ser otras.

Sería preciso que los profesores de universidad supieran claramente en qué condiciones les llega el estudiante medio. Si estas condiciones son inaceptables, y en mi opinión lo son, se trata de buscar entre todos una solución. Si ésta requiere unos controles más serios , que se apliquen , si requiere un años más de permanencia en la EE MM, pues que se legisle en este sentido (lo veo difícil es caro y no cumple la idea de "guardería" de los políticos). Bien está que el aspirante a ingeniero aeronáutico, es un ejemplo, sepa quien era Platón, cómo evolucionó el pensamiento en la Edad Media, no haga faltas de ortografía (aunque nada menos que el Presidente de Gobierno, de letras, las comete y gordas) o recuerde la capital de Pakistán, pero más importante es que tenga unas bases matemáticas y físicas sólidas.

La directora del Instituto donde presto mis servicios me acaba de entregar una octavilla, en la que precisamente profesores de Física de una ETSI informan a los docentes de bachillerato de los conocimientos deseables para el ingreso en su escuela.

Al margen de la laudable idea, de los 14 puntos comentados, siete son simplemente matemáticas.

Transcribo algunos

Cálculo de integrales sencillas
Derivadas de función y funciones compuestas. Derivadas parciales.
Desarrollos en serie de Taylor y las aproximaciones más usuales

o sen(a) ˜ a a<<1
o cos (a) ˜ 1- a2/2        a<<1
o (L+DL) (H+DH) (D+) ˜ LHD(1+ DL/L+ DH/H+ DD/D)

Análisis vectorial (aquí se piden conocimientos muy alejados de lo que está en los programas, no me pongo pesado).

Los puntos directamente relacionados con la física, hacen referencia a ideas a mi entender necesarias, pero que no aparecen en los programas, como ideas de centro de masas, concepto vectorial de la velocidad angular, análisis dimensional y homogeneidad de ecuaciones, momento de inercia...

Entienden que se incide demasiado en la mecánica estelar, consideran que el tratamiento del campo magnético es adecuado y consideran excesivo el tratamiento que se da a la óptica geométrica.

Curiosamente no hacen mención a lo poco que se estudia la termodinámica o la mecánica de fluidos, directamente relacionada con la carrera impartida en esa escuela.

Estoy convencido que, si otro centro superior hiciera un esfuerzo semejante, posiblemente hubiera un denominador común, pero lo más probable es que se sugerirían otros puntos y aspectos. Nunca se complacería a todos.

No obstante, me ha llamado la atención que más que incidir en conocimientos de física, se incide en matemática, además sugiriendo cuestiones muy etéreas -¿Qué se entiende por integrales sencillas?- o decididamente fuera del programa de Matemáticas de EE MM. Con un canto en los dientes me daría yo si mis estudiantes fueran capaces de derivar funciones de una variable o despejar la incógnita en el exponente, para complicarles la vida con derivadas parciales.

Evidentemente, hablo del ejemplo que tengo a mano, pienso que, más o menos, lo mismo pasará en otras materias y disciplinas. También me temo que, en general, se pedirán imposibles. Creo que cualquier profesor de bachillerato contrataría a la banda del pueblo si sus alumnos supieran formular el centenar de sustancias más habituales, fueran capaces de resolver un problema estequiométrico o calcular el pH de un ácido débil monoprótico. Mi experiencia de profesor universitario me demuestra que en segundo de carrera la mayoría no son capaces de ello. Comprender lo que es el cero de un escalar es un imposible, incluso diferenciar un escalar de un vector (menos mal que mis comunicantes no me han sugerido nociones de cálculo tensorial, puestos a pedir...)

Todo me lleva a concluir que es imprescindible una coordinación Universidad–Enseñanza Media, empezando por la preparación de los programas.

Me parece también que estos programas y las exigencias de la Universidad deben ser reales y, en última instancia, advertir a los alumnos de lo que se van a encontrar.

En fin, pienso que lo menos importante son los conocimientos concretos, sobre todo la capacidad de cálculo complicado, éstos se adquieren cuando son necesarios y se olvidan cuando no se usan, aunque yo no he olvidado la gran mayoría de conocimientos que adquirí en mi formación preuniversitaria. Claro que en mi bachillerato había exámenes trimestrales y finales y reválidas, el repaso era pues una herramienta manejada constantemente y esto afianzaba los saberes, habilidades y destrezas, que dicen los psico-pedagogos. Por cierto, en mis tiempos esta fauna se limitaba a pasarnos unos test una vez al año.

- ¡Lápices sobre la mesa! Empiecen a contestar –nos decía el Sr. Durán "a" Pipota, porque fumaba en pipa, que era quien nos los pasaba, con el cronómetro en la mano.

De sus resultados nunca informaron a nuestros padres, ni falta que les hacia, sobre todo al mío que, cuando llegaba el boletín, se lanzaba en picado a la nota de Matemáticas, seguía por la Física y acababa por el Latín (a él le habían suspendido alguna vez en esta materia, por eso era más tolerante), la religión, la política y la gimnasia, -como en ésta siempre tenía malas notas, bronca al canto-, si antes no había habido alguna sombra y se había quedado allí. Naturalmente, no se conformaba con el valor absoluto de la calificación, la comparaba con el mes anterior y con el resto de la clase, faltaría más. No es que fuera muy lector de Cervantes, pero tenía bien asumido aquello de poderoso es el nombre de primero.

Otra vez me he ido a mis recuerdos. ¡Qué viejo me estoy volviendo!

A lo que iba, lo que creo que deben tener los estudiantes cuando acaban el bachillero es lo que no tienen, es decir, curiosidad, espíritu de trabajo, ganas de superación y, sobre todo, ser conscientes de sus limitaciones. Si un alumno es un ignorante, por mucho que líe al profesor, la organice con el inspector, haga pliegos y más pliegos de descargo para justificar un 2 en Química (las razones para solicitar la revisión de una nota dan para escribir y una novela), sigue siendo un ignorante, como el enfermo que tiene un cáncer lo tiene independientemente de el médico se lo diagnostique o no. Es bueno e imprescindible que todo el mundo tenga una idea clara de cómo acaban los estudiantes el Bachillerato, cómo ingresan en la Universidad y cuáles son los conocimientos mínimos necesarios para tal o cual carrera. Detectado el problema, se deberá arbitrar una solución real y factible, aunque cueste tiempo y dinero, siempre será mejor que el gran índice de abandonos y de frustraciones de tantos universitarios engañados. Un examen específico de ingreso tampoco sería mala medida, encima crearía puestos de trabajo en las Academias, ad hoc (vade retro, ya lo sé).

Todo esto está bien, pero lo que tampoco se debe hacer es ponernos a llorar sobre lo que hay. Si los estudiantes llegan a la Universidad bajo mínimos, ni se debe "abaratar" la Universidad bajando los niveles -ya está ocurriendo y los alumnos de hoy serán los profesionales de mañana-, ni caer en el otro error: "si sólo aprueba un 10 % pues que repitan" (también ocurre). Tampoco creo que sea solución un cursillo septembrino de bases generales, aunque menos es nada. A la imaginación de los genios de la docencia dejo la solución, pero ¡¡¡que se den prisa!!!

Por cierto, vaya un estrambote, el otro día me asusté al ver que una sobrina mía -vive en Palma de Mallorca y estudió en el colegio San Francisco, el mismo en que yo hice el bachillerato-, con una carrera casi terminada, no es que sea incapaz de expresarse en castellano, es ¡qué no lo entiende! y no es subnormal. Increíble, pero a eso vamos. Encima le han comido el coco con el catalanismo más rampante y caroteante, se le pasará, espero, y han sido ciertos cretinos universitarios los responsables. Tampoco habla otro idioma "más europeo". Todo eso llamándose Martínez y siendo biznieta de un Comandante de Infantería Española (la fiel infantería) gaditano. Triste pero cierto.

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¿Sabemos educar?

Camilo José Cela Conde

Las reformas que están en marcha tanto en la educación secundaria (LOCE del Partido Popular, suspendida por el momento, LOE en embrión del Partido Socialista) como en la enseñanza universitaria (el compromiso de Bolonia, anticipado por la definición inminente de los nuevos grados) han vuelto a poner sobre la mesa la cuestión esencial a la que se dirigen esas leyes y muchas otras anteriores. Se define ésta con un par de frases: cerca de la tercera parte de los escolares españoles no logra obtener su certificado de enseñanza secundaria obligatoria; un porcentaje de fracasos que figura, de acuerdo con el informe de la OCDE del 2004, entre los más altos del mundo. La situación de quienes aprueban lo que en tiempos se llamó el bachillerato no es mucho mejor: los profesores de la universidad se quejan de que quienes acceden a ella son, año tras año, más inmaduros e incultos. Tampoco mejoran las cosas lo suficiente tras el paso por las aulas universitarias. Baste con recordar la cantidad inmensa de alumnos que comenten numerosas faltas de ortografía en quinto curso.

¿A qué se debe que el fracaso a la hora de enseñar sea tan alto?

Cada español interesado por estas cosas tiene su propio diagnóstico pero es probable que la dispersión coincida en algunos aspectos de notoria evidencia. El primero, que se suceden demasiadas reformas, demasiados decretos y leyes cuyo resultado no supone sino agravar la confusión. Prejuicios ideológicos, peleas políticas y simple ignorancia llevan a una suma en la que cada pocos años aparece una nueva ley destinada a resolverlo todo y garante de que dejará las cosas peor que antes. Las críticas que recibe cada proyecto no contribuyen precisamente a despejar las dudas porque cualquier salida se antoja inaceptable. Si se separa a los niños en "ciencias" y "letras", se acusa con razón a la ley de sesgar de forma peligrosa los conocimientos. Si se les da un barniz de filosofía y cultura científica a todos los alumnos, entramos en las asignaturas inútiles, las llamadas Marías. Multiplicar las horas para que los escolares estudien todo tipo de materias no es de recibo. Establecer tutorías personales -como intentan las dos últimas leyes-, resulta utópico por la falta de recursos.

Las críticas se distribuyen, por lo común, con tufillos corporativistas y, así, los profesores de filosofía se quejan de su desaparición a la vez que los de física lamentan lo poco y mal que se enseñan las ciencias. Pero sería ingenuo creer que haciendo callar a los gremios desaparecería el problema de fondo. Tal vez conviene repetirlo: ¿sabemos educar?

La respuesta más sincera disponible dice que no. Pero ¿sabemos al menos en qué consiste educar? Repetir la negativa sería tremendo. Y sin embargo es ésa la impresión que damos los profesores, las autoridades y los políticos.

Quizá fuese bueno recordar al respecto algunas trivialidades. La primera, que se educa sobre todo en la familia y después en la escuela. La segunda, que sólo la lengua, entre todas las "facultades mentales" aludidas por Chomsky, se aprende sin esfuerzo. La tercera, que sin dinero por detrás cualquier ley, educativa o no, queda condenada al fracaso. Mientras olvidemos esas verdades de Pero Grullo para concentrarnos en las peleas, políticas o gremiales, el fracaso de la educación estará garantizado.

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De vez en cuando…

JMDB

La verdad sobre la Universidad de Alcalá, su verdadero rostro, su doble vida, permanece oculta bajo innumerables capas de mentira y cinismo, alimentados cotidianamente para evitar que podamos ver el grado de descomposición que soportamos.

Si normalmente la libertad hay que conseguirla día a día; en Alcalá la justicia hay que ganarla minuto a minuto. Pero eso sí, nuestro amado Rector se pasa el día hablando, escribiendo y saliendo en la foto bajo el epígrafe de: "Derechos Humanos y minorías", "Jornadas sobre Defensores del Pueblo y Derechos Constitucionales", "El Quijote y la Libertad", "La universidad y la construcción de Europa"; y es que no hay nada mejor que tratar con naturalidad los temas que se menosprecian y pisotean a diario con ahínco, para disimular y aparentar que son tenidos en cuenta y se tienen presentes permanentemente. Por un lado se lo pasan todo por el forro de sus caprichos, incumpliendo leyes y decretos, y por otro proyectan una imagen de corrección y rectitud intachable. Pura propaganda: nos apabullan constantemente con informaciones -propagadas a los cuatro vientos- sobre una realidad que resulta ser totalmente opuesta para los que estamos aquí dentro. Hacen público y notorio lo contrario de lo que realmente vemos diariamente en la UAH. Desde luego no es oro todo lo que reluce; y en Alcalá menos aún.

La realidad de la Universidad de Alcalá es pura fachada sostenida a base de falacias. La universidad no es más que una portada de cartón piedra que esconde la más increíble de las colecciones de miseria humana que no pueden ni imaginarse fuera de ella. La verdadera realidad, la verdad, sólo podemos encontrarla lejos de aquí, y es así que de conformidad con los Artículos 18.2 y 24 de la Ley Orgánica 3/1981, de 6 de abril del Defensor del Pueblo, la Universidad de Alcalá ha sido destacada y calificada en el apartado "quejas que no han tenido contestación en el año 2004, tras el tercer requerimiento", en las páginas 83 y 84 del Informe a las Cortes Generales del Defensor del Pueblo -y en la página 18 del Resumen del Informe- que desde finales del mes de abril se puede consultar en la página de internet de esta Institución:  http://www.defensordelpueblo.es , dentro de la cual hay que acceder primero al apartado de "Informes y Documentos", y luego pinchar en "Informes Anuales," localizando así el Informe Anual de 2004. Este informe sigue accesible a fecha de hoy día 6 de junio.

Para facilitar el acceso directo a la información que les expongo, me he permitido extraer -y resaltar en amarillo- las páginas antes mencionadas, y que se pueden consultar como archivos adjuntos al final del artículo.

Alguno se estará preguntando: "¿y qué?, ¿qué pasa con que incumplan una ley más? ¿Es que acaso les va a pasar algo? ¿No es cierto que todo lo hacen por silencio administrativo? ¿N llevan años haciendo lo que les da la gana, sin cumplir Reales Decretos, ni Ordenes Ministeriales, ni nada...?"

Yo, de momento, sólo les contesto que las Administraciones Públicas y, por extensión, los funcionaros que las integran, están siempre obligados a cumplir la ley y a velar por su cumplimiento. Lo que ahora se incumple es una Ley Orgánica; se llevan años sembrando lo que quizás, sólo quizás, se recoja ahora, por fin. Todo, en esta vida, acaba pasando factura. Todo.

Tanta mentira, tanta propaganda barata, tanto salir en la foto… e, incluso ahora, tanto salir en un programa, especialmente hecho para la UAH, en un canal privado de televisión...

Quizás sea cierto el dicho de que la vida acaba poniendo a cada uno en su sitio; quizás…

Pulse sobre los siguientes enlaces, para acceder a los documentos mencionados en el artículo

quejas sin contestación 1
Formato PDF

quejas sin contestación 2
Formato PDF

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CARTAS AL DIRECTOR

Custodia compartida y el derecho de paternidad

Estimado Director:

No puede ser más revelador que Zapatero a petición de organizaciones feministas, les prometa que apoyará sus reivindicaciones respecto a la limitación de la custodia compartida, en los últimos trámites parlamentarios. La denominación custodia compartida, no es más que la expresión semántica de la reclamación de la paternidad hurtada por los tribunales de justicia desde 1981, so pretexto de la Ley Ordoñez, que materializa que un padre sólo tenga derecho a ver a sus propios hijos cada dos fines de semana.

La igualdad de derechos y deberes proclamada por Rajoy en una reforma del Código Civil, no ha sido debidamente ordenada a los diputados que lidera, ya que sus propuestas, aunque sí positivas en cuanto a la mediación familiar obligatoria cuando existen hijos menores, no se ven reflejadas en ninguna de sus enmiendas.

Es un hecho que el negocio jurídico del divorcio se autoalimenta si la igualdad de derechos se enmascara en el supuesto "interés del menor", principio que garantiza a quién tiene al niño, no sólo que lleve el pan bajo el brazo, sino que lleve casa y pensión, como acertadamente expone el presidente de la Asociación de abogados de familia, Luis Zarraluqui. Pero no sólo es que la ruina moral y económica de un padre sea, con toda probabilidad, la ruina emocional y psíquica del hijo, sino que este hecho suficientemente conocido por todos, incluidos los políticos, se pretende emborronar a la opinión pública con la imagen del "niño maleta" que genera la llamada custodia compartida.

La viña del Señor es grande, y las soluciones entre los hombres todo lo amplias que se quieran: desde un ciclo escolar con papá y el otro con mamá, hasta intercambios anuales, debidamente programados por expertos en pedagogía más que en psicología. La paternidad es don inviolable dado para los católicos, y un derecho natural para todos en general, que no puede violar y destruir un invento jurídico llamado divorcio de pésima resolución, como demuestran los hechos.

Los hijos tienen y deben tener el mismo contacto, protección, educación, afecto y comprensión, tanto de su padre como de su madre; esto el Estado no sólo no lo protege, sino que perpetúa tales agravios a través de los tribunales.

Los niños son el futuro. La responsabilidad de quienes truncan su estabilidad permanece en ellos. La culpabilidad para un hijo, no recaerá a corto plazo en el progenitor que por su acción genera tal separación del otro -siempre será su madre o padre-, sino en aquellos que con sus intervenciones perpetúan tal caótica relación paterno-filial.

José Carlos Navarro Muñoz
carlosnava@terra.es

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Vivat Academia, revista del "Grupo de Reflexión de la Universidad de Alcalá" (GRUA).
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Última modificación: 24-06-2005