Venganza
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ISSN: 1575-2844

Revista Vivat Academia.

  Histórico. Año VIII

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Julio - Agosto 2006. Nº 77

A ver quién es el guapo que lo pone en práctica

Fuenteovejuna

Nunca había entendido porque las necesidades sexuales de los hombres y las mujeres son tan diferentes entre sí.

Nunca había entendido todo eso de Marte y Venus.

Y nunca había entendido por qué los hombres piensan con la "cabeza" y las mujeres con el "corazón".

Una noche, la semana pasada, mi mujer y yo nos íbamos a la cama. Bueno..., empezamos a acariciarnos con el inevitable y picarón toqueteo mutuo.

Yo ya estaba en mi punto, listo para la acción, y, en ese preciso momento, mi mujer me dice:

- Mira..., ahora no tengo ganas, mi amor, tan sólo quiero que me abraces, ¿sí?

(Puta madre, ¿de verdad?) Yo dije:

- ¿QUÉEEEEEE?

Entonces pronunció las palabras mágicas:

- No sabes conectarte con mis necesidades emocionales como mujer.

Al final, asumí resignadamente que esa noche no iba a pasar nada, así que me dormí como tienda de campaña.

A los pocos días, fuimos de compras a unos grandes almacenes. Yo la miraba mientras ella se probaba tres carísimos modelitos, en la sección de "Saks Fifth Avenue".

Como no podía decidirse por uno u otro, le dije que se llevara los tres. Entonces, emocionadísima y motivada por mis comprensivas palabras, me dijo que necesitaba unos zapatos "Kenneth Cole" que hicieran juego, pero costaban 200 euros el par. Le contesté que me parecía perfecto.

Después pasamos por el departamento de joyería, de donde salió con unos pendientes de diamantes "Tiffany".

¡Estaba tan emocionada! Yo creo que pensó que me había vuelto loco, pero de todas maneras no le importó mucho que digamos.

Pienso que me estaba poniendo a prueba cuando me pidió un carísimo estuche de pinturas "Elizabeth Arden", de primerísima línea.

Bueno, me parece que rompí con todos sus esquemas mentales cuando también le dije nuevamente que sí.

Ella, a esas alturas, estaba casi excitada sexualmente... ¡¡¡Deberían haber visto su cara!!! Fue ahí cuando, con su mejor sonrisa, me dijo:

- Ven mi amor, vamos a la caja a pagar y a retirar todo lo que hemos comprado.

Me costó mucho aguantarme la risa cuando le respondí:

- No mi amor. Creo que ahora no tengo ganas de comprar todo eso.

De verdad, ¡ojalá hubieran visto su cara! Se quedó pálida cuando exclamé:

- Tan sólo quiero que me abraces.

En el momento en que su cara empezó a transformarse en una máscara de furia y odio, simplemente añadí:

- ¡¡¡No sabes conectarte con mis necesidades financieras como hombre!!!

Creo que no volveré a dormir en la cama de matrimonio hasta mediados del 2007. Pero... ¡qué dulce es el sabor de la venganza...!

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Vivat Academia, revista del "Grupo de Reflexión de la Universidad de Alcalá" (GRUA).
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Última modificación: 13-07-2006