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ISSN: 1575-2844

Revista Vivat Academia

  Histórico. Año X

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Julio- Agosto 2008. Nº 97

Contenido de esta sección:

Desarrollo de software a tu alcance, con software libre y Java (Vivat Academia)
RECORTES DE PRENSA
La singularidad del ser humano frente al Proyecto Gran Simio (Nicolás Jouve de la Barreda)
Carlos Elías: España es un país de letras; la ciencia está acosada (Óscar Menéndez)
La ciencia de la mentira
El acelerador de partículas más potente arrancará en agosto (Alicia Rivera)

Desarrollo de software a tu alcance, con software libre y Java

Possunt quia posse videntur

[*] "Pueden, porque creen poder" o, más simplemente: querer es poder. Virgilio, Eneida, 5.231.

Te proponemos crear un grupo de desarrollo de software con Java y software libre. Si estás interesado, envía un correo a la dirección vivatacademia@uah.es. La idea es empezar a funcionar la última semana de septiembre de 2008.

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Java es probablemente el lenguaje de programación de propósito general de más éxito en entornos docentes y empresariales. Sus principales bazas son la portabilidad ("escribe el programa una vez y ejecútalo donde quieras") y su orientación a objetos (el propio pensamiento humano está orientado a objetos que podemos indentificar y que tienen ciertos comportamientos y características). Y es software libre, lo que supone que el autor de Java rechaza imponernos restricciones al uso y disfrute de Java. Con los programas no libres uno debe aceptar condiciones de uso injustas o cuando menos innecesarias.

Justificación del uso de software libre y de Java

El desarrollo con Java es una apuesta segura que permite diseños elegantes, claros, robustos, flexibles y que pueden crecer de forma saludable. Y estamos utilizando un software que podemos copiar a nuestros amigos para ayudarles, un software en el que el concepto de piratería no existe. El "software no libre" podría servir de excusa para imponerte un canon a tus sistemas de almacenamientos, como discos duros, "por si se te ocurriera copiar programas en ellos". Otras cosas igual de aberrantes se han visto. De hecho el modelo de software no libre ya sirve de excusa para que algunos sistemas operativos decidan si puedes hacer ciertas cosas (o no) con tu ordenador (véase Microsoft Vista y DRM).

Objetivos

En este grupo de aprendizaje/desarrollo se van a seguir tres normas básicas:

1) Se aprovechará siempre que sea posible el ingente y excelente material que ya existe en Internet, cuyos autores están encantados con la amplia repercusión y acogida que tienen sus obras.

2) Se facilitarán los medios adecuados para que el grupo disfrute de un entorno acogedor y atento, con talleres prácticos cuando sea preciso.

3) Se procurará producir documentación de calidad y se dejará a la libre disposición de cualquier interesado vía Internet.

Por favor, ponte en contacto con nosotros. Estaremos encantados de atender tus sugerencias, aclarar dudas y ayudarte en lo que podamos.

Desarrollo de software con software libre y Java. Vivat Academia

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RECORTES DE PRENSA

La singularidad del ser humano frente al Proyecto Gran Simio

Nicolás Jouve de la Barreda. Universidad de Alcalá

Publicado en páginasdigital.es 14/07/2008

Se presentan las claves biológicas que diferencian a la especie humana Homo sapiens de los restantes homínidos. Se destaca en particular la «evolución cultural» fenómeno exclusivamente humano que se añade a la «evolución biológica», del que se señalan sus características más esenciales: lenguaje articulado, capacidad de razonamiento abstracto, transmisión de conocimientos al margen de los genes, comportamiento, etc. Este hecho diferencial ha conducido al proceso de «humanización» que se añade al proceso de «hominización». Se señala la menor importancia del dato del porcentaje de similitud del ADN al comparar los genomas del hombre y los grandes simios y la mayor relevancia de las diferencias en los propios genes o en la regulación de su expresión. Por último, se discute la pretensión de igualar en derechos y en la consideración de personas a los grandes simios, preconizada en el Proyecto Gran Simio, por carecer de fundamento biológico, por ser injusta con los propios seres humanos más indefensos y por no ser necesaria para proteger a los grandes simios en peligro de extinción.

Hace más de 2000 años, Aristóteles (384 a 322 a.C.) definió al hombre como un animal de sangre caliente y destacó la enorme proporción de su cerebro, su especial inteligencia y su capacidad de relación con sus semejantes cuando sentenció que «el hombre es un animal político». La distinción y la singularidad que Aristóteles atribuía a la especie humana con relación al resto de las criaturas, quedaba patente también en la certera secuencia de acontecimientos con la que explicaba la emergencia de la especie humana en su ensayo De la generación de los animales [1]: «Primero lo vivo, luego el animal y por ultimo el hombre».

Mucho más tarde, en 1758, el naturalista sueco Carl Von Linné (1707-1778) publicó una ingente obra titulada «Sistema Naturae», que suponía el primer intento de ordenación y clasificación de los seres vivos. Linné propuso por primera vez el género Homo para designar el grupo al que pertenecemos e incluyó en él una única especie viviente, el hombre sabio Homo sapiens. Linné denomino «primates», que quiere decir los «primeros entre los animales», al grupo de especies en el que se integran los humanos, los simios y los monos.

Ya en el siglo XIX, Charles Darwin (1809-1882) incluyó a la especie humana en el mismo esquema evolutivo de todas las especies en su obra «El origen de las especies por selección natural» [2], de cuya publicación celebramos en este momento el 150 aniversario, y más explícitamente en su ensayo «El Origen del Hombre y la Selección en relación al sexo» [3], publicado en 1871. La acertada inclusión del hombre en el mismo contexto evolutivo de las demás especies levantó una importante discusión, no sólo por razones de índole religioso, sino por falta de pruebas, ya que en aquella época se carecía casi por completo de restos fósiles de los eslabones intermedios entre los primitivos simios y el hombre moderno.

Un contemporáneo y fervoroso defensor de la obra de Darwin, Thomas Henry Huxley (1825-1895), señaló que el hombre difiere menos del chimpancé y del orangután que estas especies de los monos inferiores. A esta aseveración se ha referido no hace mucho el prestigioso antropólogo, Roger Lewin en su obra «Evolución Humana» [4], al señalar que «...la conclusión de Huxley... fue un elemento clave para la mayor revolución de la historia de la filosofía occidental: los humanos pasaron a ser considerados como formando parte de la naturaleza y no aparte de la naturaleza».

Tras más de un siglo de investigaciones, la colección seriada de restos fósiles humanos por parte de los antropólogos, fruto de numerosas exploraciones y excavaciones en muchos lugares del mundo, es cada vez más completa y está mejor datada. Esto ha permitido conocer con bastante exactitud la línea evolutiva que conduce desde los antiguos Ramapithecus, que vivieron hace unos 10 a 14 millones de años en el centro de Asia y que representan el ancestro evolutivo común de los actuales orangutanes y los restantes homínidos entre los que se incluye la línea evolutiva que conduce al hombre moderno. La primera especie de esta línea es el Australopithecus africanus presente hace unos 3 millones de años en África del Sur. Se trataba de unas criaturas de baja estatura que caminaban con el cuerpo erguido, tenían dentición más parecida a la del hombre que a la de los monos más emparentados y cuyo cerebro tenía un volumen de aproximadamente la tercera parte del hombre moderno, sólo ligeramente superior al de los chimpancés actuales.

Los siguientes eslabones que condujeron al hombre actual fueron sucesivamente las especies Homo habilis (2,3 a 1,6 m.a.) y Homo ergaster (1,9 a 1,4 m.a.), cuyos restos aparecen nuevamente en África. Una rama lateral de éste último condujo a Homo erectus (1,8 m.a a 40.000 años), considerado como la primera especie que emigró hacia el norte y entró en Asia, por donde se expandió y vivió hasta hace unos 40.000 años como lo demuestran numerosos restos fósiles. La capacidad craneana de Homo erectus era ya de unos 850 a 900 centímetros cúbicos, casi el doble de la de Australopitecus africanus, pero todavía inferior a la del hombre moderno. Junto a Homo erectus, también descendiente de Homo ergaster, apareció una rama separada de otra especie a la que se ha denominado Homo Heidelbergensis, que tuvo un origen africano como todas las anteriores.

En España, dentro del conjunto de excavaciones de la Sierra de Atapuerca, se han encontrado los restos del antepasado más antiguo de la presencia del hombre en Europa, el Homo antecessor considerada como una especie que vivió hace unos 800.000 años y que sería anterior ó un tipo primitivo de Homo Heidelbergensis, que vivió en Europa y que debió ser el último antecesor común del Homo sapiens sapiens y su pariente extinguido Homo sapiens Neanderthalensis. El hombre moderno Homo sapiens sapiens surgiría como consecuencia de una progresiva evolución a partir de Homo antecessor, probablemente en Africa hace unos 150.000 años, para al igual que Homo erectus migrar hacia el norte a través del Oriente medio. La historia de la evolución humana es rica en yacimientos y hallazgos que pueden seguirse con mayor extensión en la obra «Explorando los Genes. Del big-bang a la Nueva Biología», del que es autor quien suscribe estas líneas y en la que se explica el origen evolutivo del hombre en su doble aspecto biológico y cultural [5].

Todo esto sitúa a la especie humana, el hombre sabio, el hombre moderno, como la única especie superviviente de una línea evolutiva dentro de la familia de los Homínidos, que se enmarca en el Orden de los Primates y que se separó de sus especies más relacionadas hace unos 6 millones de años. Al tiempo que se producía la evolución divergente del género Homo, el grupo de los homínidos se diversificaba en otras líneas evolutivas que conducirían a las especies de los grandes simios actuales, siendo el más cercano el chimpancé Pan troglodytes y su pariente próximo el bonobo Pan paniscus, y a más distancia el gorila Gorilla gorilla y el orangután Pongo pygmaeus.

Para entender el significado biológico de las diferencias de los Grandes Simios y el hombre es importante tener en cuenta al menos cuatro consideraciones básicas en el contexto evolutivo de los Hominidos.

En primer lugar se ha de tener en cuenta la separación radical de todas estas especies entre sí. Se trata de especies auténticas y diferentes, de características físicas y de relación con el hábitat distinto y con barreras insalvables de intercambio genético, por la existencia de mecanismos infranqueables de aislamiento reproductor.

En segundo lugar, hay que reconocer que, desde el punto de vista biológico, nuestra especie cuenta con el mismo tipo de componentes moleculares y celulares, propiedades y funciones biológicas que el resto de las especies, no sólo de los Homínidos, sino de toda la biosfera. Con el resto de los animales superiores compartimos la organización biológica, los mismos tipos de células, semejantes modos de desarrollo y reproducción y miles de genes que ejercen funciones idénticas. Con los mamíferos tenemos en común una mayor semejanza física y el mismo modo de reproducción y gestación, garantizadora de un desarrollo en estrecha dependencia de la madre. Con los primates y en particular con el chimpancé, el bonobo, el gorila y el orangután, se reducen las diferencias en el semblante morfológico y corporal y se evidencian muchas semejanzas.

En tercer lugar está el dato de relativa importancia de la similitud de las secuencias del ADN. Recordemos que el ADN es la «molécula de la vida» en la que se encuentra codificada la información genética de cada especie. Se trata de unas moléculas replicativas de gran estabilidad, compuestas por unas unidades elementales, las bases nucleotídicas, que se alinean formando unos largos polímeros que compartimos todos los seres vivos y, lo que es más importante, que conserva el mismo código genético. Conviene aclarar que el código genético es el conjunto de reglas por las que se lleva a cabo la traducción de la información del ADN en las proteínas. La existencia de un código genético universal, heredado por todas las especies, es la mejor prueba del origen monofilético de la vida. Este código se ha mantenido desde la primera forma de vida, el cenancestro, que surgió en la Tierra hace unos 3.800 millones de años, hasta las pequeñas bacterias, los hongos, los virus, las plantas y los animales superiores actuales. En el lenguaje de las 4 bases nucleotídicas del ADN se encuentra escrita la información codificada de los genes. Para entender mejor el significado del ADN hay que señalar que tanto el tamaño del genoma, unos 3.100 millones de pares de bases nucleotídicas, como el número de genes, unos 25.000, como las funciones de éstos, son comunes a la práctica totalidad de los mamíferos y dentro de éstos, dos especies cualesquiera tendrán mayor proximidad evolutiva cuanta más semejanza muestren al comparar las secuencias de su ADN. El hecho de que exista una elevada similitud en las secuencias del ADN de los grandes simios y el hombre, por encima del 90%, no debe sorprendernos, pues al fin y al cabo sólo han transcurrido entre 6 y 10 millones de años de evolución divergente y, aunque la evolución se explica sobre la base de mutaciones y cambios de bases en el ADN, los mutaciones son graduales y lentas y de acuerdo con su importancia funcional, la mayor parte de los genes tienden a ser conservados. Debido a esto es menos importante el porcentaje de coincidencia en el ADN que el significado cualitativo de las pequeñas diferencias en las secuencias de los genes, que pueden conducir a variaciones en su funcionamiento, incluida la mayor o menor intensidad de su expresión a lo largo del desarrollo y en diferentes tipos de tejidos o hasta su silenciamiento.

En cuarto lugar, es básico reconocer que entre el hombre y los grandes simios existen unas grandísimas y evidentes diferencias genéticas que afectan a la evolución del cerebro y como consecuencia al comportamiento, con adquisiciones evolutivas en el hombre tan importantes como la autoconciencia, el razonamiento abstracto y la comunicación por medio de un lenguaje articulado.

El ADN de los grandes simios

Las especies de homínidos más próximas al hombre son básicamente las cuatro ya mencionadas: el orangután, el gorila, el chimpancé y el bonobo.

De entre estas especies la más alejada filogenéticamente es el orangután Pongo pygmaeus, que habita en las selvas húmedas de Indonesia y Malasia (Asia). Al comparar las secuencias del ADN de los orangutanes y el hombre se aprecia un 96,4% de similitud. Lamentablemente casi el 80 % del área de distribución de esta especie ha sido destruida por el hombre en los últimos 20 años, de modo que actualmente sólo quedan unos 35.000 ejemplares en libertad, la mayoría en la isla de Borneo.

La siguiente especie en orden de proximidad es el Gorila Gorilla gorilla, que vive en las selvas húmedas de montaña o tropicales de llanura de Ruanda, Uganda, Congo y Tanzania, extendiéndose hasta la costa de Camerún y Gabón. El grado de semejanza del ADN del gorila y humano es del 97,7%. Se supone en torno a los 100.000 ejemplares en libertad.

La tercera especie la constituye el chimpancé Pan troglodites, que es la especie de simio más extendida y en menor riesgo de extinción. Habita en las selvas tropicales y en las sabanas húmedas de todo el cinturón centroafricano. La similitud del ADN de chimpancé y humano es del 98,4% y la población libre de esta especie se calcula en torno a los 150.000 ejemplares.

Finalmente, se incluye entre los grandes simios al bonobo Pan paniscus, un pequeño chimpancé del que sólo existen ejemplares libres en el Congo por lo que se considera que es la especie en mayor riesgo de extinción entre los grandes simios. El grado de semejanza con el ADN humano es similar al del chimpancé y se supone una población libre de unos 15.000 ejemplares en su hábitat natural.

En septiembre de 2005 se publicó en la revista Nature y en otra serie de medios científicos de comunicación, un análisis comparativo del ADN de parte del genoma del hombre y el chimpancé, en el que se señalaba que las diferencias se reducen a menos de un 2%. Trabajos posteriores sobre el genoma de los grandes simios corroboran que el porcentaje de similitud del ADN humano y los restantes homínidos es muy alto, en torno o por encima del 95%. Sin embargo, la similitud del ADN no debe entenderse en la dirección de minimizar las enormes diferencias que existen entre el hombre y los primates más próximos y en lugar de fijarnos en el porcentaje del ADN coincidente, lo que interesa conocer es la trascendencia de las diferencias. De este modo, el análisis comparativo del genoma humano y el chimpancé, las especies de homínidos más próximas entre sí, ha revelado la existencia de unos 35 millones de mutaciones puntuales de simples cambios de bases nucleotídicas en el ADN (SNPs), además de no menos de 5 millones de diferencias por inserciones o pérdidas de bases nucleotídicas (indels) en el ADN, junto con un número significativo de cambios cromosómicos acumulados durante los seis millones de años de evolución divergente (en realidad 12 millones de años si tenemos en cuenta que ambas líneas evolucionan de forma independiente). El caso es que las diferencias en el ADN implican diferencias en las proteínas que codifica el ADN y las diferencias en las proteínas, no sólo en su estructura sino especialmente en su función, tienen sus consecuencias, que son las que se traducen en las diferencias físicas y de comportamiento. De hecho hay unos 3 millones de pequeñas diferencias en el ADN que pueden afectar a numerosas funciones vitales. El análisis comparativo demuestra que no es tan importante la estructura del ADN como los cambios en el uso diferencial en tiempo e intensidad de una información común, debido fundamentalmente a las pequeñas diferencias en el ADN que afectan al silenciamiento o potenciación de la expresión de los genes y al momento a lo y lugar del organismo en que se expresan. De este modo, las aparentemente pequeñas diferencias de cambios de base en los genes homólogos son tan importantes que suponen diferencias superiores al 80% de las proteínas que codifican.

Es interesante añadir, que los investigadores dedicados al análisis genómico de estas especies han descubierto que algunas clases de genes han cambiado inusualmente más deprisa en la línea evolutiva del hombre y del chimpancé que en las demás especies de homínidos, y algunos incluso han mostrado un ritmo de sustitución de bases nucleotídicas más acelerado en el hombre que en el chimpancé. De este modo, entre los genes de evolución humana acelerada se encuentran algunos de funciones tan importantes como los implicados en la capacidad de emitir sonidos y de hablar, la transmisión de las señales nerviosas, la producción de esperma y la síntesis de proteínas de membranas celulares, como algunas implicadas en el transporte celular de iones. La trascendencia de cada uno de estos cambios es fundamental para el grado de especialización evolutiva al que ha llegado cada especie.

Los investigadores sospechan que la evolución rápida de muchos de estos genes puede haber contribuido a las características especiales del hombre respecto a las restantes especies de primates. De este modo, el análisis del genoma humano ha desvelado la existencia de un gen muy importante en la evolución humana, denominado FoxP2, que existe en los demás animales superiores investigados, pero que parece mostrar una rápida evolución en la línea evolutiva que ha conducido al hombre moderno. Este gen codifica una proteína que funciona como un factor de transcripción, es decir una proteína que interviene en la expresión de otros genes, entre ellos algunos que tienen que ver con el lenguaje y otras funciones cerebrales [6]. El estudio de la secuencia del ADN del gen FoxP2 muestra un ritmo más acelerado en el reloj molecular que conduce al hombre en los últimos 200.000 años [7] que en millones de años de evolución anterior. Con una coincidencia en la secuencia del ADN del gen próxima al 100%, el hombre dispone de una proteína FOXP2 distinta en tan sólo dos aminoácidos (del total de 715) respecto al resto de los grandes simios. Tan exigua diferencia a nivel molecular supone nada menos que la capacidad de hablar y como consecuencia la adquisición de las habilidades de comunicación y creatividad propias del hombre moderno. La capacidad de comunicación por medio de un lenguaje articulado es requisito para el desarrollo del razonamiento abstracto, la inteligencia y la transmisión de experiencias, al margen de los genes.

En conclusión, el dato del porcentaje de coincidencia en las secuencias del ADN es menos importante que la repercusión de los pequeños cambios en el cómo, cuando y con qué intensidad funcionan los genes, para cuya variación basta a veces un mínimo de modificaciones de una o unas pocas bases nucleotídicas en el conjunto de los varias decenas o centenas de miles que configuran cada gen.

Hominización y humanización: evolución biológica y evolución cultural

La evolución biológica de la especie humana ha estado conducida por una serie de factores que, al menos hasta la adquisición de un cerebro poderoso y de una conciencia de la existencia, una vez comenzado el proceso de «hominización», pueden explicarse por selección natural. Sobre esta base se produce otro proceso claro y exclusivo del hombre que origina un aumento progresivo de su sentido moral, ético y de trascendencia. A esta etapa la podríamos denominar de «humanización».

Las claves de la especialización humana las debemos encontrar en las transformaciones biológicas operadas durante el proceso de hominización. En su origen los primeros representantes del género Homo coincidieron con un período geológico de enfriamiento de su hábitat en el plioceno y pleistoceno medio, hace más de 5 millones de años. Como consecuencia de este enfriamiento se originó una sustitución de los bosques tropicales por sabanas por lo que los primeros representantes de la línea evolutiva del hombre se vieron abocados a la adopción de una postura bípeda. El bipedismo supuso la liberación y utilización de las manos y el menor uso de los colmillos para el asalto y la defensa. La liberación de las manos debió desatar el desarrollo de la destreza de su utilización para la fabricación y el uso de utensilios. Esto, conllevaría un mejoramiento de la capacidad de relación con el medio ambiente y de comunicación con los restantes miembros de la especie e induciría un progresivo aumento de la búsqueda de soluciones, para hacer frente a las necesidades de alimentación y supervivencia. Dada la importancia de los objetos útiles para la caza, el vestido, la alimentación y en definitiva la conservación de la especie, es obvio que se debió operar una selección natural, favorecedora de la organización en grupos sociales todo lo cual debió repercutir en el perfeccionamiento del cerebro.

En resumen, las principales innovaciones biológicas de la etapa de hominización condujeron a la gracilización morfológica, el bipedismo, la liberación de las manos, el uso de herramientas, la reducción de los dientes, la adquisición de un lenguaje simbólico y articulado y el aumento del cerebro. De esta forma, a la evolución biológica se añade un proceso único y singular en la evolución humana respecto al resto de los seres vivos, la «evolución cultural». De acuerdo con Francisco Ayala, «La herencia biológica es, en el hombre, semejante a la de los demás organismos dotados de reproducción sexual y está basada en la transmisión, de padres a hijos y por medio de las células sexuales, de la información genética codificada en el ADN. La herencia cultural, por el contrario, es exclusivamente humana y reside en la transmisión de información mediante un proceso de enseñanza y aprendizaje, que es en principio independiente de la herencia biológica» [8].

De este modo, la característica específica de la evolución humana es la superposición de la evolución cultural a la evolución biológica. Homo sapiens es la única especie que además de genes transmite experiencias. Las pequeñas modificaciones del genoma en la línea evolutiva del hombre se tornan en la adquisición de un lenguaje simbólico de doble articulación, único en la naturaleza. Como consecuencia, aumenta en varios órdenes de magnitud el grado de intercambio y comunicación entre los individuos y las generaciones de la especie y con ello se potencia la organización social y la conquista del medio ambiente. Como consecuencia, el hombre emigra, somete a otras especies, construye refugios, adquiere destreza para la caza y la defensa, domestica plantas silvestres y animales salvajes y conquista todo tipo de ambientes.

De acuerdo con Aristóteles, el hombre deja de ser animal para convertirse en hombre. Durante la evolución cultural se produce la humanización que se caracteriza por el desarrollo de la inteligencia, la capacidad de razonar, la capacidad de comunicar ideas y el sentido ético de la vida. Hay un momento en la línea evolutiva humana en el que el hombre sabio se convirtió en un hombre ético, un Homo moralis. No es posible concretar cronológicamente en que momento emergería el sentido moral, que podríamos relacionar con el «Adán biológico» y relacionar con la aparición de la autoconciencia, generadora de la conciencia de la muerte y el sentido de trascendencia de la vida. Lo cierto es que a partir de un momento determinado se despiertan en el hombre una serie de interrogantes ¿qué sentido tiene la vida?, ¿qué somos?, ¿qué hacemos aquí? a las que trata de dar respuesta. No es posible precisarlo, pero a partir de ese momento nuestra especie se plantea su destino, piensa en el más allá, reconoce la existencia de un creador, dios, a quien da culto y ofrece el descanso de sus muertos por medio del enterramiento. Este sentido moral y religioso es una característica innata en el hombre como lo demuestra la universalidad de su existencia, que se evidencia en civilizaciones y poblaciones humanas sin ninguna relación cultural.

Mientras tanto, las líneas evolutivas conducentes al bonobo, el chimpancé, el gorila y el orangután han permanecido en una especie de estasigénesis, un estancamiento evolutivo en lo que atañe al comportamiento. En la evolución de estos grandes simios, a pesar del noventa y tantos por ciento de coincidencia en las secuencias del ADN, se detuvo el progreso y se produjo una estabilización del comportamiento en un punto máximo de mejoramiento muy por debajo del umbral alcanzado en la evolución biológica del hombre, sin llegar al punto de inflexión necesario para la conquista de la evolución cultural. En los grandes simios se produjo una evolución significativa y una especialización en unas formas de vida de gran eficacia, en lo que atañe al aspecto corporal y adaptación al medio, pero su techo evolutivo dista bastante del grado de sofisticación del comportamiento, la comunicación y la conducta ética conseguida en la evolución humana.

El Proyecto Gran Simio

El 23 de septiembre de 1977 en Londres, la. Liga Internacional de los Derechos del Animal adoptó la llamada «Declaración universal de los derechos del animal» que fue acogida por la UNESCO y posteriormente por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Esta declaración comienza con la afirmación de que todo animal «posee derechos» y que «todos los animales nacen iguales ante la vida y tienen los mismos derechos a la existencia», y termina señalando que «los derechos del animal deben ser defendidos por la ley, como lo son los derechos del hombre».

Con este precedente, en 1993, un grupo de etólogos y filósofos, entre los que predominaban los norteamericanos, británicos, australianos y neozelandeses, sacó a la luz la iniciativa conocida como el «Proyecto Gran Simio», una especie de llamada de atención sobre las perspectivas de conservación, trato y consideración del hombre con respecto a los restantes homínidos, en que se acentuaban los derechos de estos animales evolutivamente próximos a nosotros. El eslogan del Proyecto Gran Simio es «La igualdad más allá de la humanidad», que también corresponde al título en español del libro en el que se contienen las aportaciones textuales de los promotores de la Declaración sobre los Grandes Simios [9]. Esta declaración se concreta en tres puntos que señalan sendos derechos elementales que los seres humanos habríamos hurtado a nuestros parientes los grandes simios: el derecho a la vida, el derecho a la libertad individual y la prohibición de la tortura, incluidas la participación de los Grandes Simios en todo tipo de espectáculos circenses o experimentos biomédicos que causan dolor.

Estas tres propuestas son razonables y aceptables, pero los promotores del Proyecto Gran Simio van más allá, al propugnar la extensión de la «condición moral» de los seres humanos a los chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes. Peter Singer, Paola Cavalieri, Jane Goodall, Richard Dawkins y los demás promotores del Proyecto Gran Simio, prefieren conceder rasgos de humanidad a estos animales, porque según nos dicen poseen unas «facultades mentales» semejantes a las humanas, así como una «vida social y emocional rica y variada» y por ello merecen que se les reconozca unos «derechos morales fundamentales, que se pueden hacer valer ante la ley».

Dada la realidad evolutiva del hombre y las especies de grandes simios, la filosofía contenida en el Proyecto Gran Simio parece moverse en un terreno más ideológico y filosófico que en poco se corresponde con la evidencia de la evolución biológica de estos animales. Para sus promotores, la igualdad moral de los homínidos sería un primer paso hacia la reconciliación total del ser humano con los animales. El gran error es pretender una igualdad biológicamente inexistente para remediar una lamentable situación de riesgo de extinción y supuesto maltrato hacia estos animales tan próximos a nosotros. La pretendida igualdad como medio para corregir los errores que puedan haberse cometido no resiste una crítica. Dada la condición de ser ético de nuestra especie es de suponer que estamos obligados a buscar fórmulas más acordes con la realidad, para evitar el triste destino o la situación actual de estas especies, como se viene haciendo con muchas otras.

Me gustaría recordar al respecto la labor de numerosas iniciativas oficiales y no oficiales en pro de la conservación de las especies biológicas en peligro de extinción. De este modo, la «Unión Mundial para la Naturaleza» (UICN) [10] es una organización internacional que tiene por misión influir, estimular y ayudar a las sociedades de todo el mundo para que conserven la integridad de su naturaleza. La situación actual es tal que una de cada diez especies de aves y la cuarta parte de las especies actuales de mamíferos figuran en la llamada «lista roja» de especies amenazadas de desaparición. Es cierto que la extinción de animales se ha acelerado en los últimos 200 años como consecuencia directa o indirecta del crecimiento de la población humana y su influencia en los cambios ambientales. Sin ir más lejos, en España, el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas recoge unas 56 especies animales en peligro de extinción, entre ellos los conocidos casos del lobo Canis lupus, el lince ibérico Lynx pardinus y el águila imperial Aquila heliaca y otros menos conocidos, como el pez esturión Acipenser sturio, el jarabugo Anecypris hispánica, un pequeño pez de agua dulce, el cavilat Cottus gobio, un pez cada vez más raro y que sólo se encuentra en el río Garona en Cataluña, o el lagarto gigante Gallotia simonyi de la isla de El Hierro, por citar sólo algunas especies animales. ¿Acaso son menos dignas estas especies de evitar su extinción que los grandes simios?. Y si han de ser corregidas nuestras acciones sobre ellas, ¿se ha de afrontar su salvación con una iniciativa que conlleve su igualdad moral?

La salvación de estas especies, como las de los grandes simios, está en las manos del hombre y lo que ha de haber son iniciativas como las preconizadas por la UICN, encaminadas al estudio de su situación para promover el aumento de las poblaciones y asegurar su supervivencia en el ambiente en que viven o en reservas especiales e inexpugnables a cualquier influencia humana, que garanticen su conservación en condiciones acordes con su grado de especialización ambiental.

El Proyecto Gran Simio dice ampararse en los fundamentos de los más recientes avances de la biología animal, el evolucionismo, la etología y la genética. Basten los comentarios que preceden para clarificar lo infundado de estas apreciaciones. Probablemente, los fundamentos reales de la pretensión de igualdad moral de los grandes simios al hombre se deban más a razones de carácter político o ideológico. Y aún reconociendo que nuestra naturaleza biológica es producto de una evolución en una línea derivada de unos parientes animales comunes, ¿no se tratará de rebajar la condición del hombre como persona a la misma condición que el resto de los homínidos?

El australiano Peter Singer [11], Profesor de Bioética en la Universidad americana de Princeton y promotor del Proyecto Gran Simio, expresa que ser persona significa poseer autoconciencia, razón, autonomía y capacidad de sentir placer y dolor, cuyas propiedades no podrían ser atribuidas a seres humanos disminuidos psíquicos, en estado de coma, o que estuvieran temporalmente inconscientes tras un accidente o simplemente dormidos. Sin embargo, se reconocen en los grandes simios. No sólo niega la condición de persona a un embrión, un feto o un ser humano inconsciente por diversas razones, sino que rebaja la dignidad de la vida humana al situar al hombre como un ser más de la naturaleza sin diferencias con otros animales en sus derechos individuales.

Resulta una paradoja y una incongruencia negar la condición de persona a un ser humano en estado embrionario, fetal o de coma y tratar de concedérselo a un chimpancé, un gorila o un orangután, para a continuación esgrimir que con estas especies de grandes simios tenemos un noventa y tantos por ciento de ADN coincidente. Aparte de todas las demás consideraciones que ya hemos señalado, el embrión, el feto y el ser humano en estado inconsciente o no, son personas humanas en distintas etapas de su desarrollo, que pertenecen a la especie humana y tienen un cien por cien de ADN humano.

El pasado día 25 de abril representantes de partidos de izquierdas presentaban en el Congreso de los Diputados una proposición no de ley para que el Gobierno español apoye las pretensiones del Proyecto Gran Simio. En su defensa, no se ocultó la intención de considerar «personas» a los grandes simios ya que, según esgrimían, tal distinción sería un paso fundamental para la supervivencia de estos primates. Según reza el proyecto, la consideración de personas implicaría que se les deje de considerar como una propiedad, porque «sólo las personas, y no las propiedades, están autorizadas a tener derechos, como el derecho a la vida». Lo cierto es que para garantizar la supervivencia de los grandes simios no hace falta ni una proposición no de ley ni el Proyecto Gran Simio, basta con reconocer la situación de dependencia incontrolada y en riesgo de estas especies y buscar las mismas soluciones que la «Unión Mundial para la Naturaleza» está procurando para las demás especies biológicas.

La ideología que subyace en el proceder de los promotores del Proyecto Gran Simio se evidencia además en su afán por negar la condición de persona y aún de vida humana a los embriones o los fetos humanos. Para estos diputados parece tener más derecho a la consideración de persona y por tanto a la vida un chimpancé o un bonobo, que un ser humano en estado embrionario, al inicio de su desarrollo o en las postrimerías de la vida. Es el mismo argumento que justifica la utilización de los embriones en investigación, el aborto o la eutanasia.

Más lógico que conferir inexistentes derechos de igualdad a los grandes simios, sería imponer sanciones a las personas que los maltratan o torturan. Ahí creo que estaríamos todos de acuerdo ya que al hombre, en cuanto ser consciente garante de la naturaleza es responsable de su conservación. Es obvio que los animales no tienen derechos como las personas, aunque las personas si tienen obligaciones para con los animales.

Bibliografía

[1] Aristóteles, Reproducción de los animales, Gredos, Madrid 1994.

[2] Darwin, Ch.. On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life, John Murray, London 1859.

[3] Darwin, Ch.  The Descent of Man and Selection, in Relation to Sex, John Murray, London 1871.

[4] Lewin, R. Evolución Humana, Salvat Ciencia, Barcelona 1994.

[5] Jouve, N., Explorando los genes. Del big-bang a la nueva biología. Ediciones Encuentro, Madrid 2008.

[6] Lai, C.S.L. y col., «The SPCH1 region on human 7q31: genomic characterization of the critical interval and localization of translocations associated with speech and language disorder», en Am J Hum Genet 67(2): (2000), pp. 357-368.

[7] Enard, W. y col., «Molecular evolution of FOXP2, a gene involved in speech and language», en Nature, 418 (2002), pp. 869-872.

[8] Ayala. F.J. Origen y evolución del hombre. Alianza Editorial, Madrid 1980.

[9]  Cavalieri, P. y Singer, P.  (eds.), El Proyecto Gran Simio: la igualdad más allá de la humanidad, Trotta, Madrid 1998.

[10] cms.iucn.org/

[11] Singer, P. La Liberación Animal, Trotta, Barcelona 1999.

Nicolás Jouve de la Barreda es Doctor en Biología y Catedrático de Genética (Universidad de Alcalá)

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Carlos Elías: España es un país de letras; la ciencia está acosada

Entrevista a Carlos Elías, químico y profesor de Periodismo en la Universidad Carlos III. Publica un ensayo en el que critica un sistema que estrangula la producción científica y a los investigadores más brillantes.

Óscar Menéndez

FUENTE: Público 04/07/2008

Un químico que se lanzó al mundo del periodismo. O tal vez un periodista que es químico. La calificación de Carlos Elías no es, desde luego, sencilla. Licenciado en Químicas y en Ciencias de la Información, ahora es profesor de Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid, aunque ha trabajado en diversos medios de comunicación.

Elías es el autor del libro La razón estrangulada, resultado de un estudio sobre el declive de la ciencia en Occidente, en el que ofrece una visión catastrofista del estado de la ciencia en Europa en general, y en España, en particular. Este ensayo, recientemente publicado en la editorial Debate, es el resultado de un año de investigación en la London School of Economics.

"España es un país de letras, dominado por la gente de letras, en el que existe un problema de acoso a la ciencia", dice. Crítico con la Universidad y con los medios de comunicación, Elías no es políticamente correcto y alerta del retraso que puede vivir Occidente si renuncia a las ventajas de los estudios científicos.

Pregunta. Su libro asusta, al menos a cualquiera que se preocupe por el futuro de nuestro país. ¿Tan mal está la ciencia?

Respuesta. Creo que hay que preocuparse por determinados datos. Por ejemplo, por el descenso de vocaciones. En España, el sistema está llevando a alumnos muy brillantes hacia disciplinas que no requieren ese tipo de talento, como, por ejemplo, Comunicación Audiovisual. Hay más matriculados en esa carrera o en Periodismo que en Física, Química o Matemáticas... ¡Y necesitamos físicos, necesitamos químicos y necesitamos matemáticos!

P. Necesitamos la ciencia.

R. Claro. Los anglosajones se han preocupado mucho en saber por qué fue Inglaterra y no España quien tomó el liderazgo mundial a partir de los siglos XVI o XVII. Y fue porque ellos apostaron por las ciencias de la naturaleza y nosotros no. Ahora, ellos empiezan a temer que sean países como China o India los que estén apostando por la ciencia.

P. En cualquier caso, la ciencia de España no tiene comparación con la anglosajona. Usted menciona la diferencia de premios Nobel.

R. Es curiosa la comparación. Los países conquistados por Gran Bretaña tienen muchos premios Nobel. No sólo Estados Unidos, donde la comparación es terrible. Tenemos el ejemplo de Australia, que tiene nueve premios Nobel. Y nosotros sólo tenemos el de Ramón y Cajal, porque el de Severo Ochoa computa para Estados Unidos. En el año 2006, yo estaba en Londres y allí se debatía sobre por qué en los últimos años el Reino Unido no había recibido ningún premio Nobel. En España, en esas fechas, el debate era la celebración del centenario de nuestro único Nobel, el de Cajal.

P. En su libro, compara la Royal Academy británica con la Real Academia de nuestro país y pone el ejemplo de dónde están situadas ambas.

R. Sí. El edificio británico es una magnífica construcción en un lujoso barrio, muy glamuroso. En España, la Real Academia de la Ciencia se ubica en una degradada calle de Madrid, llena de prostitución... Si hasta tiene un sex-shop al lado, pared con pared. No voy a desmerecer a los sex-shops, pero la diferencia es paradigmática.

P. El problema, según denuncia usted, es muy serio. Pero, ¿cuáles son las soluciones?

R. Tenemos un problema educativo. No entiendo que haya un bachillerato exclusivo de letras. Y también hay problemas económicos. En el currículum de una persona como María Dolores de Cospedal, figura que a los 26 años ya era abogada del Estado. Si haces Derecho, puedes tener la vida asegurada a esa edad. Pero, si estudias Física, a los 26 años eres, como mucho, becario. Y, para ser profesor universitario, está más valorado tener una decena de publicaciones mediocres que una única publicación revolucionaria. Así lo que se consigue es eliminar a la gente brillante de la carrera. Albert Einstein publicó tres artículos. Fueron sólo tres, pero son los más importantes de la ciencia del siglo XX.

P. Usted critica mucho la visión de la ciencia que se da en los medios de comunicación. Y pone el ejemplo concreto de un personaje de la serie "Aída", Fidel, un joven al que se le denigra a menudo porque le interesa la ciencia y la tecnología. ¿Cree de verdad que ese tipo de personajes pueden hacer daño a la investigación?

R. Quizás no para una persona de 35 años que trabaje en un banco. Pero, para la ciencia, sí es relevante la visión de un joven de 16 años, porque tiene que elegir carrera. Y la muestra es que en los últimos años el interés de los jóvenes por la ciencia se ha reducido. Desde luego, ningún chico de 16 años quiere ser como Fidel, el protagonista de Aída. Pero no es sólo la televisión, en el cine pasa lo mismo. El arquetipo de científico allí es igual. En el cine sólo los profesores de letras tienen vidas interesantes con aventuras amorosas y eso. Los físicos son feos y están locos.

P. Los medios escritos, ¿son tan peligrosos?

R. No. La mayor parte de la prensa, no. Los medios escritos tienen un tratamiento más serio, pero... ¿qué chico de 16 años lee el periódico? Además, se trivializan las informaciones y se destacan estudios como la resolución del volteo de la tortilla de patata, el descubrimiento de la estrella de Belén o hacia qué lado se gira la gente cuando besa. Los científicos tienen que ser frikis para salir en los medios.

P. La conclusión de su libro es que no sólo no avanzamos, sino que, además, vamos para atrás.

R. El economista estadounidense Paul Samuelson ha dicho que antes se medía la riqueza de los países en sus toneladas de acero o megavatios de electricidad y que ahora se mide por el número de ingenieros y científicos que tienes. Si en Occidente, da igual que sea Reino Unido que España, desciende el número de vocaciones, tenemos motivos serios de preocupación.

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La ciencia de la mentira

Puesto que, según se dice, la ciencia deja poco lugar para la opinión, quienes se consagran a ella sólo pueden escoger entre el descubrimiento y la mentira. Los grandes avances puestos a disposición de la humanidad se deben, obviamente, a lo primero, aunque el deseo de fama o la simple tozudez han llevado en ocasiones a que los científicos, o algunos que se hacen pasar por tales, se dejen tentar por lo segundo.

FUENTE: El País Digital, 04/07/2008

A la larga, a quienes ceden sólo les aguarda el descrédito, pero, mientras llega, sueñan con dejar su nombre inscrito en los anales. Son ídolos que un día se levantan sobre el venerable pedestal de la sabiduría para caer al siguiente en el olvido, un estado, en cualquier caso, preferible al del ridículo.

Estados Unidos, un país pionero en el saber, ha llegado a una sorprendente conclusión, hasta ahora sin equivalente en otros países. Si la mentira se generaliza en la ciencia, ha venido a decir la Oficina de Integridad de la Investigación, tal vez ha llegado el momento de crear la ciencia de la mentira. Dicho y hecho. Gracias a las investigaciones en esta nueva rama del conocimiento, es posible contar con estadísticas sobre los farsantes disfrazados de científicos, al menos en el campo de la biomedicina. Así, y según los datos publicados por la revista Nature, el 59,7% de los impostores de la ciencia presenta como hallazgos lo que sólo son invenciones o falsificaciones. La cifra de los que plagian es, por su parte, de un 36,3%. Y queda, finalmente, una categoría residual del 4% bajo la rúbrica inquietante de "desconocido".

La ciencia de la mentira puede tener un futuro esplendoroso si, en lugar de limitarse al campo de la biomedicina, se extendiera a otras disciplinas como el arte, la política o, por qué no, el periodismo. Sería excitante y, desde luego, de la mayor utilidad pública contar con estadísticas parecidas a las publicadas por Nature. Siempre quedaría, es verdad, ese porcentaje de "desconocido" en el que convivirían los genios con los bribones. Y es que, a pesar de todos sus avances, ni siquiera la ciencia permite distinguir a unos de otros.

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El acelerador de partículas más potente arrancará en agosto

Alicia Rivera

Varios ingenieros probarán dentro de 15 días el nuevo acelerador de partículas LHC como si de una orquesta se tratara, es decir, con todos los elementos (formando un anillo de 27 kilómetros de circunferencia) funcionando al unísono.

FUENTE: El País-Futuro, 02/07/2008

Eso explicó su director, Lyn Evans, en la 58º reunión de Premios Nobel que se celebra en Lindau (Alemania). Una de las sesiones, en la que participaron cinco galardonados en física, se dedicó a este nuevo acelerador, que atrae la atención de todo el mundo y cuya puesta a punto se culmina este verano en el Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN), cerca de Ginebra.

Los primeros haces de partículas que deben colisionar en el LHC, el acelerador de partículas más potente que existe, se inyectarán la segunda quincena de agosto. Pero el día 15 de ese mes los cuatro gigantescos detectores tienen que estar ya cerrados alrededor del acelerador. Los cinco Nobel repasaron los descubrimientos que esperan hacer con esta máquina que permitirá explorar el mundo subatómico a un nivel nunca alcanzado. El gran trofeo será una nueva partícula, el Higgs, que, según los físicos, permitirá explicar el origen de la masa. "Pero si el Higgs es el único descubrimiento no habrá más futuros aceleradores", advirtió Martinus Veltman, uno de los Nobel de Física del debate. No estaba de acuerdo su colega Gerardus 't Hooft, que apuntó que explorar el entorno y las implicaciones del Higgs sería ya un logro para la física.

EL NOBEL DE LA PAZ

Todos coinciden en que lo más interesante será lo que el LHC descubra. En los 15 años que ha durado la construcción, se han elaborado modelos y teorías sobre el universo subatómico que se abrirá con la máquina. David Gross también teme que sólo apareciera el Higgs, que no cabe que suceda antes del año viene, "pero tenemos muchas pistas hacia nuevos fenómenos que asomarán en el LHC", añadió. Entre otros, materia oscura, unificación de fuerzas fundamentales y extradimensiones.

Acerca de si tal descubrimiento ganará un Nobel, Carlo Rubbia recordó que el acelerador y los detectores son un conjunto muy complicado. "Lo que sí merecería es el Nobel de la Paz", dijo con ironía. "Ha logrado que trabajen juntos durante años más de 10.000 físicos e ingenieros".

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Vivat Academia, revista del "Grupo de Reflexión de la Universidad de Alcalá" (GRUA).
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Última modificación: 30-07-2008