Docencia e Investigación
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ISSN: 1575-2844

Revista Vivat Academia

Histórico Año I

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Julio y Agosto 1999   Nº siete

 

En esta página encontrará:

COMUNICADO DE LA ASOCIACIÓN PARA EL AVANCE DE LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA EN ESPAÑA
RECORTES
ONDAS de la ESCUELA PARA GRADUADOS
¿SON LAS UNIVERSIDADES sólo centros de formación de profesionales?

¿FUNCIONARIZACIÓN DE ASOCIADOS?

Ante los insistentes rumores de la futura desaparición de la figura del Profesor Asociado en la universidad española, así como la posible funcionarización del colectivo de los contratados "en precario", la AACTE nos envía su opinión al respecto para que reflexionemos sobre el alcance de tales medidas, si llegan a producirse

COMUNICADO DE LA ASOCIACIÓN PARA EL AVANCE DE LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA EN ESPAÑA

La AACTE, Asociación para el Avance de la Ciencia y la Tecnología en España, es una asociación cuyos objetivos son promover la mejora de la calidad científica y la apertura universitaria en nuestro país, promover el aumento de inversión pública y privada en investigación, vigilar el cumplimiento de la legalidad en todos los ámbitos relacionados con la Universidad y la investigación, y servir de enlace y foro entre investigadores en España y en el extranjero.

Recientemente se viene hablando mucho del problema de los profesores asociados en las universidades españolas. Este colectivo reclama como solución a sus problemas la "idoneización", consistente en la funcionarización de todo este colectivo de manera casi automática, de forma similar a la funcionarización de los PNNs en la década de los 70. La AACTE postula entre sus objetivos la calidad investigadora y la igualdad de oportunidades en el acceso a plazas públicas, por lo que no puede compartir esta reivindicación. No obstante, a la AACTE (algunos de cuyos miembros son profesores asociados) le preocupa la situación de este colectivo, en tanto en cuanto sus miembros contribuyen al desarrollo científico en nuestro país. Esta preocupación se traduce en las siguientes reflexiones:

- Existe en estos momentos un colectivo de unos 10.000 profesores universitarios contratados ILEGALMENTE, ya que se ha utilizado la figura del profesor asociado al margen de lo que dice la ley (LRU: profesionales de reconocido prestigio fuera de la universidad, etc, etc, y no recién licenciados). La culpa de esto NO ES de los asociados, sino de quienes les han contratado. En este sentido los asociados son víctimas del sistema. Además de la contratación ilegal, muchos de estos asociados se encuentran en condiciones de precariedad, acrecentada por una situación de servilismo hacia quienes les están "haciendo el favor" de incumplir la ley para "darles de comer". Esta situación se hace más crítica ante el anuncio de la desaparición de la figura de profesor asociado. La AACTE debe denunciar esta situación y defender unas condiciones de trabajo más dignas para el colectivo de asociados.

- El objetivo fundamental de la AACTE es la defensa y promoción de las actividades relacionadas con la ciencia y la tecnología en España. Un gran peso dentro de estas actividades lo tienen las universidades, y un gran peso dentro de las universidades recae sobre profesores contratados en precario (ayudantes y asociados, en adelante PNNs). Esta precariedad es uno de los síntomas del "servilismo" que ha reinado durante décadas -posiblemente siglos- en nuestras universidades y que ha generado el estancamiento y retraso de la capacidad innovadora, científica y tecnológica que sufrimos actualmente en nuestro país. Esto ha favorecido que durante generaciones enteras se haya desaprovechado la capacidad innovadora del profesorado más joven. Durante años se ha producido una "selección" de personal tendente a favorecer la "fidelidad" (precariedad+servilismo) frente a las capacidades científicas y docentes.

Estos males endémicos de nuestra universidad se solucionarían en gran medida si se dan unas condiciones dignas y abiertas de contratación, donde se valore de una forma imparcial y objetiva la capacidad de los candidatos.

- La propuesta de la AACTE para solucionar el problema de los profesores asociados pasa por un sistema de contratación estable y digna para este colectivo, mediante la ya discutida fórmula de contratos de cinco años RENOVABLES según los méritos adquiridos (en forma de tramos de investigación concedidos, tras evaluación a nivel nacional por el ANEP u otro organismo similar). Los contratados de esta manera podrían participar e incluso liderar proyectos de investigación en igualdad de condiciones con el personal numerario. La convocatoria de este tipo de contratos debe realizarse con carácter de urgencia, de forma abierta, con la suficiente publicidad y atendiendo exclusivamente a criterios que valoren la capacidad investigadora del candidato. El número de contratos debería ser suficientemente grande como para cubrir el número actual de plazas de profesor asociado.

- La AACTE rechaza de manera categórica la funcionarización de este colectivo sin ningún control, ni garantías de igualdad de oportunidades, ni contraste de méritos, etc. A la función pública sólo deben acceder los mejores y debe respetarse escrupulosamente la igualdad de oportunidades. Tampoco vemos una solución viable convocar de golpe 20.000 oposiciones a profesor titular. Creemos conveniente la AMPLIACIÓN de convocatoria de plazas, tanto en la universidad como en otros organismos de investigación, ya que España sigue estando por debajo de la media europea en número de investigadores por cada 1000 habitantes. Pero la convocatoria de estas plazas debe ser gradual y realizarse con las máximas garantías de que serán ganadas por los mejores.

- Finalmente, en la AACTE existe una gran preocupación por las tendencias nacionalistas e inmovilistas emergentes en la comunidad universitaria de nuestro país. Esta tendencia se está dando, no ya entre las diferentes comunidades autónomas, sino incluso entre las diferentes universidades de una misma ciudad o entre departamentos de una misma universidad. La movilidad entre el profesorado funcionario es prácticamente inexistente debido a la rigidez que impone la autonomía universitaria. La AACTE entiende que esto es enormemente grave y negativo para el avance de la ciencia en nuestro país. Así, mientras profesores e investigadores españoles están siendo bien aceptados en otros países europeos -de acuerdo con las tendencias y legislación comunitaria- en nuestro país hemos asistido recientemente a algunas convocatorias para la contratación de doctores en las que se le exigía al candidato haber cursado estudios en una determinada Comunidad Autónoma. En este sentido, queremos llamar la atención y reivindicar no solamente un cumplimiento de la ley (que nos exige la UE), sino un cambio de mentalidad -REAL- que libere al sistema educativo y científico de nuestro país de esas posiciones "herméticas y conservadoras" que ahora lo caracterizan.

Los puntos anteriores podrían resumirse en:

1. La AACTE considera que los PNNs están contratados de forma precaria.
2. Probablemente, una buena parte del colectivo de los PNNs asume y apoya los principales postulados de la AACTE, en especial el de defender la excelencia investigadora.
3. La AACTE propone que se solucione el problema de los asociados mediante sistemas de contratación más dignos y estables que los actuales, que den independencia al profesor contratado.
4. La AACTE rechaza de forma categórica la funcionarización indiscriminada y sin control de los PNNs.

Alejandro Gutiérrez
Vocal de la Junta Directiva de la AACTE

Página web de la AACTE: http://members.es.tripod.de/aacte

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RECORTES

Recogemos a continuación una serie de artículos de prensa, aparecidos en los últimos meses, en relación directa con los problemas docentes e investigadores de la universidad española.

Empezamos con una reseña sobre la evaluación de los graduados en la Universidad de California (Davis).

ONDAS de la ESCUELA PARA GRADUADOS
FACULTAD DE AGRONOMIA. UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES AÑO 11 N° 21 - MAYO 1999.

Comité editor: Claudia Sainato, Rolando León y Daniel Calderini Ing. Agr. Alicia Hirschhorn Directora Administrativa Escuela para Graduados Facultad de Agronomía-UBA Av. San Martín 4453 (1417) Buenos Aires - Argentina Tel: (+54)11-4524-8004/8065 e-mail: hirschho@ifeva.edu.ar epg@mail.agro.uba.ar

Editorial:

Debido a la importancia de la evaluación de los estudios de post-grado trataremos de fomentar su discusión mediante el aporte de información y opiniones referidas a dicho aspecto. En esta oportunidad le hemos pedido la colaboración al Dr. Kent Bradford para que nos comente cómo funciona dicho sistema en la Universidad de California (Davis). El Dr. Bradford es profesor de la Universidad de California (Davis) y Director de su Departamento de Horticultura. En años recientes nos ha visitado como profesor invitado del Programa de Producción Vegetal de la EGFA. Queremos expresar nuestro especial agradecimiento al Dr. Bradford por su gentil y desinteresada colaboración.

EL SISTEMA DE EVALUACION DE ESTUDIOS DE POST-GRADO EN LA UNIVERSIDAD DE CALIFORNIA (DAVIS)

Profesor Dr. Kent Bradford

Estimados lectores, Brevemente trataré de contarles como se evalúan los Programas de Post-Grado en la Universidad de California en Davis. Nuestros Programas de Graduados son de alguna manera únicos debido a que son administrados por una División de Graduados y por Grupos de Graduados (ver NOTA) que pueden pertenecer a diferentes Departamentos. Por ejemplo, tenemos Grupos de Graduados en Biología Vegetal, Genética, Bioquímica, Ecología, etc. y un profesor de cualquier Departamento puede ser miembro de uno o más Grupos de Graduados de acuerdo con su dedicación en investigación y docencia.

Está planificado que cada Grupo de Graduados sea evaluado cada 7 años. En ese momento, el coordinador del Grupo es requerido para proveer un detallado compendio de datos e información sobre el Programa. Esto incluye el contenido del Programa, la Facultad involucrada, los cursos ofertados, grados otorgados, el número de estudiantes graduados y los que permanecen en el sistema (en los Programas de M Sc. y Ph.D) junto con otros datos estadísticos similares. En suma, se envían formularios de evaluación y encuestas a los estudiantes y graduados del Programa para recoger sus comentarios sobre los contenidos del mismo en relación a sus intereses particulares. También se realizan entrevistas con la Facultad, con los estudiantes y con los miembros del "staff" para identificar las fortalezas y debilidades del Programa.

Todo este material es posteriormente evaluado por el Comité de Revisión del Programa para Graduados, el cual es designado por el Senado Académico (la organización que gobierna el contenido académico de nuestros programas). El Comité posteriormente escribe un informe que puede variar desde un elogio (sí el Programa funciona correctamente) hasta la recomendación del cierre del mismo. En algunos casos, se identifican deficiencias especificas y el comité recomienda que el programa sea cerrado a nuevos candidatos hasta que dichas deficiencias sean corregidas. En todos los casos la revisión provee una visión al Programa acerca de cómo esta funcionando e identifica sus puntos fuertes y débiles. Por ejemplo, esta revisión frecuentemente encuentra necesidades especiales a ser cubiertas por nuevas Facultades o áreas de interés o detecta la necesidad de equipamiento para mantener un programa de alta calidad. En esos casos, los informes le son valiosos al Grupo de Graduados para justificar sus requerimientos de recursos adicionales.

Por supuesto que este esquema tiene aspectos positivos y negativos. Si el proceso de evaluación se desarrolla sin contratiempos estos mecanismos resultan muy positivos. Alienta a los Grupos de Graduados a mantener la información sobre el ingreso, hacer un seguimiento de los graduados en sus carreras, actualizar la información de sus programas, ofrecer programas que sean valiosos para los graduados en sus carreras, etc. También identifica aquellos programas que tienen pocos alumnos o son de baja calidad y los fuerza a mejorarlos o a cerrarlos. Un aspecto negativo muy importante es el tiempo que le insume a los Grupos de Graduados preparar toda la información necesaria, el tiempo requerido de los administradores de la facultad para obtener todos los datos estadísticos y el envío de encuestas, escribir los informes, etc. En la practica, el proceso frecuentemente se demora un año o más para cumplir con todo el proceso de evaluación. No debería ser así pero muchas veces es difícil que los responsables de los Grupos de Graduados encuentren el tiempo para escribir los informes, coordinar al comité para evaluarlos, y escribir el informe final en tiempo y forma. Todo esto se complica entre otras cosas porque esta tarea no es la mayor prioridad de los miembros involucrados. Recuerdo que cuando formé parte del Comité de Revisión nos tomó 2 años para cumplir con la tarea. Tal vez esto fue así porque habíamos instrumentado algunas medidas para agilizar el proceso de toma de información y hacerlo menos formal, etc. pero la mayor parte de la información previamente requerida fue realmente necesaria para realizar una evaluación seria y por ello es que hubo que volver atrás en la toma de parte de la información. Así es que mientras que el proceso en sí es valioso como marco general, por otra parte consume mucho tiempo ya que 10 o más programas deben ser evaluados cada año para cumplir con una evaluación cada 7 años.

Un mecanismo alternativo de evaluación podría ser usado en algunos casos. Para ello, un panel de autoridades de otras universidades puede ser invitado a evaluar el Programa. Una cantidad de datos similares sería recogida y provista al Panel de Evaluación y este comité se alojaría en el Campus para realizar las entrevistas y revisar los contenidos del Programa. Esto es muy útil cuando el Programa quiere tener una medida en comparación con otros, sean estos nacionales o internacionales. La calidad de la evaluación depende mucho del material provisto a los evaluadores y de la calidad y dedicación de estos. En nuestro sistema, que insisto tiene característica únicas, cualquier Grupo de Graduados puede requerir de un comité externo si lo cree beneficioso.

NOTA: La denominación Grupo de Graduados en la Universidad de California (Davis) es utilizada con el sentido de profesores que tienen a cargo los distintos cursos de Post-Grado.

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Este artículo del rector de la Universidad de Barcelona incide, una vez más, en la idea de si la universidad debe convertirse en un centro de formación profesional

¿SON LAS UNIVERSIDADES sólo centros de formación de profesionales?

También investigamos y producimos nuevos conocimientos

Diario "El País". Docencia e investigación 21-06-99
ANTONIO CAPARRÓS BENEDICTO, rector de la Universitat de Barcelona.

Junio es un mes mediático para las universidades. Es un periodo en el que son muchos los hogares y colectivos cuyos anhelos y ansiedades giran alrededor de la realidad y del imaginario universitarios. Los créditos académicos necesarios para la permanencia o para la obtención de la beca, las centésimas decisivas para cursar la carrera deseada y la nota de corte pueden llegar, y llegan, a fagocitarlo todo. El mensaje mediático preestival no hace más que reforzar la percepción social, y aun política, de la universidad únicamente como centro de educación superior y de formación científico-técnica de profesionales.

A reforzar esta percepción contribuye un rasgo definitorio de la universidad actual: su gran expansión como respuesta a la demanda universal de educación, y de una cualificación terciaria como condición necesaria de un trabajo digno. Pero, ¿son las universidades sólo centros de formación de profesionales? No, en absoluto, responderá cualquier universitario. También investigamos y producimos nuevos conocimientos, añadirá. Y es que el nervio de la identidad universitaria es la unidad de investigación y docencia, unidad que es lo que arraigó la universidad en la modernidad ilustrada y en las exigencias de la racionalidad científica. Aunque de forma vaga, probablemente también la ciudadanía incluye en su percepción la función investigadora de la universidad. Y seguro que los políticos cuando crean un centro universitario dan por supuesto que si éste imparte una enseñanza de calidad -razón por la que lo crean- ya hará, como corolario, buena investigación.

Ciertamente, se puede sostener como principio axiomático que enseñanza e investigación son dos funciones básicas de la universidad pública como institución. Pero las relaciones entre ambas hoy por hoy ya no son tan simples, armónicas e integradas si descendemos al análisis de la actividad de cada profesor, departamento o centro universitario, por muy elevados que sean su dedicación docente, su rigor científico y su calidad profesional. Ni tienen por qué serlo, en contra de la irresistible tendencia de cada universitario a considerar que todo lo que hace brota de una armonía intrínseca entre docencia e investigación. La formación y el rigor científico son consustanciales a cualquier actividad universitaria. Pero el desarrollo, la programación y la organización de ésta se harán cada vez más irracionales y conflictivos si se sigue pretendiendo fundamentarlos en ese modelo armónico de raíces humboldtianas. La obsolescencia de éste alcanza su máxima expresión en la gran ceremonia académica que son los concursos de acceso a la función pública universitaria inspirados en él y donde se pretende la evaluación conjunta de los méritos docentes e investigadores de los candidatos. No sólo hacen patente la complejidad y diversidad que han adquirido las relaciones entre ambas funciones universitarias. Es que, además, su diseño imposibilita la evaluación dignificante de la calidad y el rigor científico de la docencia así como el análisis de las pautas reales por las que transcurre la auténtica investigación. ¿No nos ha de preocupar que las plazas universitarias se convoquen en general por necesidades docentes y casi siempre se resuelvan por currículo investigador?

Este problema de las relaciones entre docencia e investigación es grave y nuclear. No puede tener una solución definitiva y uniforme, pero sin su explicitación reflexiva no reconciliaremos el acceso universal a la universidad con las exigencias de la mejora de la calidad docente, ni dignificaremos el esfuerzo científico y profesional que ésta requiere, ni se hará justicia a muy buenos profesores con una autoestima injustamente herida por ser escasamente visibles en los rankings de investigación. Pero sin ella tampoco podremos identificar la auténtica y buena investigación ni asumir las nuevas exigencias derivadas de hechos como los siguientes: que los agentes de la investigación sean equipos más que individuos y que sus límites no son las paredes universitarias; que la complejidad de los problemas que ha de afrontar espera soluciones transversales que desbordan áreas de conocimiento o departamentos universitarios; que desde la investigación básica -bien público irrenunciable- hasta la innovación hay un camino lleno de vericuetos y meandros multidireccionales, etcétera.

Afrontar este problema es también imperativo para la organización racional y la justa distribución entre los profesores de unas tareas, las docentes y las investigadoras, igualmente dignas y universitarias, ambas con elevados requisitos científicos y vocacionales, con relaciones tan evidentes como complejas y que no siempre van a una. Y para que las administraciones competentes optimicen los recursos públicos mediante una programación universitaria que, cargada de argumentos, evite la perversión de que todas las universidades, y dentro de ellas sus centros, quieran hacer lo mismo tanto en enseñanza como en investigación.

El nuevo marco legal que esperan nuestras universidades ha de crear espacios para que éstas afronten estos problemas desde su autonomía, atributo constitucional que sólo se justifica como garantía del ejercicio de esas dos funciones básicas del servicio público universitario. Hemos de afrontarlos sin enroscarnos endogámicamente en nuestro pasado como santuarios elitistas sino siendo fieles a nuestra identidad como servicio público. Es decir, aceptando el reto de la borrosidad creciente entre universidad y sociedad del conocimiento, con lo que implica de acceso universal como corolario de la democracia, de valor estratégico del capital humano y de creación permanente de nuevos conocimientos según criterios de calidad docente e investigadora. Rasgos todos ellos que , en definitiva, cuestionan aquella pretendida armonía preestablecida.

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Última modificación: 16-12-1999